Retar a la Mente

“Imagínate que alguien pone una tabla ancha en el suelo y te pide que pases por la habitación sobre la tabla haciendo equilibrio.
¿Te paras a pensarlo? Probablemente no. La tarea no es tan difícil.
Luego te pide que cojas esa misma tabla y la coloques sobre un barranco de 50 metros de profundidad, y que la atravieses del mismo modo que antes.
¿Cómo reaccionas ahora? Probablemente te niegues.
¿Cuál es la diferencia entre las dos situaciones? La diferencia es que tus expectativas sobre lo que va a pasar han cambiado. En el primer caso pensarás: “¡Qué fácil!”. Y en el segundo: “¡Es muy peligroso! ¡Me voy a caer!”.
Aunque la tabla sigue siendo la misma, ahora la consideras como un problema. Tus expectativas negativas ensombrecen las positivas. Si al final te atreves a intentarlo, el riesgo que corres de caerte es infinitamente mayor si la tabla está situada sobre un barranco de 50 metros de profundidad que en el suelo.” – Tomado del libro de Entrenamiento Mental de Lars-Erich Unestahl y Maria Paijkull.
Reflexionando sobre este tema y validándolo con la experiencia, puedo concluir que tenemos no sólo expectativas conscientes, sino también inconscientes. Si bien la capacidad física y mental para atravezar la tabla está ahí, las condiciones externas influyen más que esas capacidades cuando nos arriesgamos a cruzarla.
Para el pasado solsticio de verano, nos encontrábamos mi esposo y yo realizando una caminata en las montañas y planeamos ese día realizar una ferrata. Nos decidimos por una de nivel medio, pues hacía mucho que yo no realizaba una. Cuando hice por primera vez una de estas ferratas, sí, fue un reto mental y físico, pero fue una ferrata de nivel básico y aprendí rápido el manejo de las carabinas.Esta vez, estábamos a mayor altura y era consciente de lo segura que estaba con el equipo y con el lugar que escogimos. Sin embargo mi mente inconsciente decidió lo contrario. Para mi mente sólo existía el precipicio, la altura, el riesgo y el peligro. Yo conscientemente me repetía que estaba segura, y así fuí logrando ganar batallas y disfrutar el momento. Hasta que no pude dar un paso. Estaba muy alto el punto que debía pisar, mis piernas no llegaban y me ví estancada buscando una solución. Mi mente inconsciente tomó entonces el poder al verse ganadora con sus advertencias y ahí mi cuerpo ya no respondió mis instrucciones. Fue tal su poder que por más que mi esposo estaba ayudándome a dar el paso, no podía ni siquiera subir la pierna. Entré en pánico. Conscientemente sabía lo que estaba pasando. Había permitido que el miedo se apoderara de mi y de mi cuerpo aún siendo consciente de que no había ningún peligro. Y ahora no recuerdo exactamente qué me dijo mi esposo en ese momento, algo como de esperar en ese punto hasta tranquilizarme, pero en ese momento viéndome colgada de las carabinas la sola idea de esperar, aún con un paisaje de ensueño, me llenó de corage. Dí el paso con la ayuda de mi esposo y continué el ascenso entre gritos, lágrimas y rabia. Escuchaba que mi esposo me hablaba pero yo estaba en mi propia lucha interna y no supe qué me estaba diciendo. Finalmente llegué a uno de los puntos de descanso y me relajé, lloré, abracé el primer árbol que encontré y ya más calmada observé el paisaje y todo lo que había recorrido hasta ese momento. Mi esposo llegó después de mi a abrazarme y cuando le pregunté qué era lo que me decía, simplemente me contestó. “vas muy bien, así es.”
Continué la ferrata hasta el final, feliz por haberlo logrado, feliz por la experiencia vivida y feliz rodeada de un paisaje indescriptible. Me quedé con la tarea de reflexionar sobre ese momento y justo me encuentro con el libro de entrenamiento mental. Sí, no importa si soy capaz o no. Por supuesto que soy capaz. Lo que importa es que tanto me dejo influenciar por ideas preconcebidas y por creencias mal fundamentadas u obsoletas. Lo que importa es reconocer que en ese momento de miedo, es sólo eso: miedo. No quiere decir que es real. Y allí tomar la decisión de seguir avanzando. Y allí en ese momento de reflexión pude decir, sí, fue más fácil de lo esperado, pues reconocí cada instante de manera consciente y de manera consciente fui tomando decisiones. Decidí enfocarme en las condiciones externas que tenía a mi favor y no las que supuestamente mi mente me decía que tenía en contra.
Así pues, ganaron no sólo la certeza de que estaba portando un equipo seguro sino la confianza en mis capacidades y en el amor, manifestado en la paciencia de mi esposo.
Me quedo con las ganas de hacer más ferratas, no sólo por el entrenamiento mental que supone, sino por el placer de sentir la naturaleza de una manera totalmente diferente.
Que este eclipse solar del 2 de julio nos muestre a través de la oscuridad nuestro potencial de iluminación para así seguir iluminando lo que corresponda y sobrepasando límites.
Así es y está hecho.